No existen los monstruos

Me pesa tu amor sobre las sienes.

Sabe amargo, templado,

escuece en la garganta.

 

La memoria hace agua

y tus palabras

turgentes de veneno

inundan mi silencio.

Mis preciados momentos de silencio.

 

De nuevo ese ruido tenaz, caliente

sangra de las paredes y desisto.

Dejo de buscar salida,

dejo que me arrope

siento

la ponzoña que me llena el ombligo.

 

Sé que no eres más que un oso,

un oso grande de voz fiera,

de colmillos que gotean un amor…

un amor de espinas y rincones.

 

Dejas huellas quebradizas

afiladas

agudas como cristales…

Y yo marco en sangre mi camino

para ver el orgullo en tu pupila.

 

Sólo quiero remendar estos zarpazos.

 

 

 

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No existen los monstruos by Eva Duncan is licensed under a

Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International License.

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