Día 3: U-CM-65

El artefacto volvió a susurrar su nombre y Sinsi se puso rígida sin poder evitarlo. Por suerte, no había nadie cerca. Se reajustó la capucha en un gesto inconsciente. Era fácil ocultar a la vista el dispositivo que llevaba sujeto a la base del cráneo y le llegaba hasta la mitad de la espalda. Pero no era tan fácil controlarlo.

Desde la llegada a la reserva, había supuesto una tortura. En Savil, su planeta natal, el U-CM había sido su aliado y salvador, la única forma de sobrevivir a la guerra. Pero no estaba hecho para la paz. Tras varios días en su nuevo hogar, Sinsi había empezado a sentir su llamada. «No dejes que te domine» había dicho la comandante antes de que partiera la nave. «Nadie tiene por qué saber lo que tienes ahí, ni lo que hace. No dejes que nadie lo vea, no lo toques y, sobre todo, no permitas que se active».

Apenas habían tenido tiempo de enseñarles a controlar los artefactos antes de que llegara la nave de rescate. Dominar el miedo, dejar pasar la ira, respirar, mantener la calma… todas las instrucciones eran difusas y complejas para las crías. Era un milagro que no hubiese habido ningún incidente aún. Pero era cuestión de tiempo. Sinsi había observado al resto. La palidez, la lentitud de sus movimientos, los temblores. Estaban luchando, pero estaban perdiendo la batalla. Tarde o temprano, uno de los artefactos se liberaría, y entonces… era mejor no pensar en ello.

Pensar en las consecuencias posibles daba miedo, y el miedo lo alimentaba. Sinsi ya notaba su presencia insidiosa invadiéndola, esperando un momento de debilidad. Ya empezaba a oír sus consejos belicosos.

«Sinsi, no estás segura aquí. Puedes salir. Sabes que puedo ayudarte. Solo tienes que ir a un puesto de vigilancia y dejarme hacer el resto».

Lo que más miedo daba era que aquella voz provenía de sí misma. El U-CM no tenía autonomía suficiente para analizar el sistema de seguridad de la reserva, ni para ver lo débil que era desde el interior, ni para planear una ruta de escape sembrada de cadáveres. Todo eso era obra de Sinsi. El U-CM solo alimentaba lo que ya estaba allí. Y le daba los medios necesarios para ponerlo en práctica.

Oyó pasos a cierta distancia. Eran pasos pesados, demasiado ruidosos, los movimientos de alguien que quería asegurarse de que su presencia no pasara inadvertida. Uno de los guardabosques, sin duda. Eran seres empáticos e instintivos. Aunque no supieran nada de los U-CM, ya se habían dado cuenta de que no convenía asustar a sus nuevos huéspedes.

En efecto, pronto lo vio aparecer por el sendero. Era uno de los grandes, un combatiente. Iba armado. El artefacto aprovechó su reacción atemorizada.

«Te lo dije, han venido a por ti, Sinsi. Ataca ahora, antes de que sea demasiado tarde».

Sinsi recordó el consejo de su comandante. Inspiró profundamente, ignoró el arma y el formidable tamaño del guardabosque y le miró fijamente a los ojos. Pese al cuerpo acorazado, las garras y los colmillos, sus ojos eran vulnerables. Podía verse reflejada en su mirada. Era una mirada viva, con pensamientos y recuerdos detrás. Una vida que no quería extinguir. Un ser que la estaba protegiendo.

Cuando el guardabosque habló, Sinsi había conseguido callar al artefacto.

—Ciudadana —dijo mientras guardaba el arma—. Los radares han detectado actividad inusual en el perímetro protegido. No se ha dado orden de evacuación, pero pedimos que permanezcan cerca de los refugios por su seguridad.

Sinsi asintió.

—Ya sabe qué hacer si suena la alarma. Por favor, asegúrese de que…

No llegó a oír las últimas palabras. Se le nubló la vista, el cuerpo se le agarrotó, y el artefacto habló de nuevo. Pero esta vez no era el susurro que la había acompañado toda la vida, sino una voz grave y autoritaria que, entre interferencias, daba la orden que había creído que oiría por última vez el día de su marcha.

 

«Unidad 65, responda. Unidad 65, se requiere su presencia de inmediato, responda».

 

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Me parece increíble la cantidad de cosas reveladoras que pueden ocurrir en un viaje. Tengo tantas cosas en qué pensar… por desgracia las de hoy no molan. No es casualidad que el relato de hoy haya salido por el lado de «arma implantada que impide la vida normal de su portadora».

Tengo día de los de Otra Puñetera Oportunidad de Crecimiento. Demasiado tiempo sola. Supongo que a esto he venido. De momento no me convence. No quería irme del oasis de paz, pero… he llegado a la segunda parada.

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Estoy intranquila, no me gusta lo que está pasando, ni por dentro ni por fuera.

Salou, 3 de agosto de 2017

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