Día 14: quietud

El aburrimiento hace que el tiempo pase como una masa pegajosa, sin forma, y cuesta distinguir un trozo del siguiente. Desayunas, y de pronto es de noche, de pronto ya han pasado las doce. Pero a la vez, cada cuarto de hora se arrastra de esa forma agónica insoportable que hace querer mirar el reloj cada cinco minutos, lo cual solo empeora las cosas. No hay mucho reseñable… color uniforme, la misma textura viscosa continua, el reptar lento de los minutos. Y vivir esos minutos es como caminar por un lodazal. Cuando crees haber avanzado ya al menos la mitad del camino, miras atrás y ves la orilla a dos pasos.

Y eso de que el aburrimiento alimenta la creatividad… a mí desde luego no. Estoy escribiendo sobre el aburrimiento por pura falta de estímulos.

——

Hoy he recorrido sendas de bosque con los perros y me he pasado no sé ni el tiempo cortando y cargando ramas. He partido el trabajo y el tiempo en cachitos para que se hiciera más corto casi sin darme cuenta, y me he hecho mucha gracia a mí misma. Los días se hacen un poco largos aquí, pero me viene bien la tranquilidad. O creo que me viene bien. No sé si me acaba de hacer gracia esta sensación de lentitud, me embota la cabeza.

Mañana más. Por favor, que pase algo ya.

Secondigny, 14 de agosto de 2017

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