Día 15: para momentos difíciles

La doctora Olmo no pasaba consulta aquel día. Su sala de espera estaba vacía excepto por la mujer que esperaba junto a la puerta, junto a un maletín y con el móvil en la mano. Era casi mediodía, y no tenía mucho tiempo, pero la llamada de su madre no le había dejado mucha opción. Cuando ella decía emergencia, había que tomárselo en serio.

La puerta de la consulta se abrió. Una mujer alta y corpulenta, con gafas de alambre y melena corta y canosa, se asomó.

—Ay Silvi, muchas gracias, hija —suspiró—. Ven entra que te cuento.

Mientras la llevaba a la habitación trasera, lo que ella llamaba «el taller», le contó con sus formas aceleradas de siempre que su aprendiz estaba enferma justo en el día más importante, y que no sabía a quién más pedir ayuda.

—¡Mamá! —protestó Silvia—. ¿Me has llamado para que te ayude en la consulta? ¡Pensaba que te había pasado algo! No puedo irme del trabajo así, ¿por qué no has contratado a alguien que la sustituya?

La doctora encendió la luz del taller, y Silvia no necesitó que respondiera a su pregunta.

Sabía desde pequeña que su madre, más que médico, era una bruja de ciudad. Pero aquel día, el taller parecía sacado de un cuento, o quizás de una novela de aventuras. O de terror.

Aunque podía conseguir lo mismo con instrumental más moderno, su madre era muy clásica. Instrumental de cobre, cajas de madera, botes de porcelana… a veces hasta utilizaba velas, por más que Silvia le recordaba lo peligroso que podía ser. Pero Silvia nunca había visto los alambiques.

Había al menos diez, de distintos tamaños y formas, repartidos por todo el taller. El caos de recipientes de vidrio, libros abiertos, frascos y cuencos de ingredientes imposibles de identificar iba puntuado de forma casi cómica por pósits de varios colores pegados por todas partes.

—Mamá… ¿qué?

—Te lo explico luego. Ahora necesito que hagas exactamente lo que yo te diga.

Durante la siguiente hora, Silvia se dedicó a verter meticulosamente un líquido dorado en frascos de cristal, añadir tres gotas de un líquido, dos de otro, remover, tapar y volver a empezar. Trabajaron en silencio. Silvia no se atrevía a interrumpir la concentración de su madre, y ella estaba totalmente absorta, caminando por todo el taller con un libro en la mano, ajustando, removiendo y añadiendo con la misma sensación de caos organizado que daba en todo lo demás.

Hasta que al final, cuando contó por quinta vez los frascos que ya estaban listos y cerrados, quedó conforme.

—Ya está, hija, muchísimas gracias.

—¿Me vas a contar qué ha pasado hoy? ¿Qué es todo esto?

—Es una de las pocas pócimas que preparo ya, Silvi. Y nunca sé cuándo la voy a poder hacer. Algunas mañanas, me levanto y ahí está, brotándome de los dedos. Y tengo que aprovechar el momento, porque cada vez viene menos. Cuando me levanto y siento que voy a poder prepararla, cierro la consulta, y mi aprendiz y yo llenamos la despensa con provisiones para varios años. Pero es una de las difíciles, y tiene sus tiempos. Si se pasa, se queda inservible…

—Y estabas a punto de perder todo esto.

—Exacto. Aún quedan cosas por preparar, pero lo más urgente está hecho. Con que cierre la consulta mañana también, creo que podré dejarlo todo terminado. Vaya día ha elegido la niña para ponerse mala.

—Tranquila mamá, me alegro de haber podido ayudarte.

Cuando ya estaba en la puerta, Silvia volvió a mirar a su madre.

—Oye, ¿para qué era la poción?

—Es largo de contar, hija —contestó ella con una sonrisa cansada—. Pero es una de las cosas que me da poderes. Las brujas casi siempre aprovechan ese torrente de energía en el momento en que les llega, para hacer cualquier cosa emocionante o temeraria. Pero las brujas de ciudad sabemos que hay que guardárselo para momentos difíciles. Esto no es como vivir en el bosque.

 

——–

Hoy estoy muy contenta. Estoy cansada, pero de caminar y hacer cosas. Me he aburrido, pero no tanto. Estoy relajada. Un momento genial para reflexionar.

Ha caído una tormenta alucinante, de estas con truenos de película. Y también ha hecho sol.

Secondigny, 15 de agosto de 2017

 

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