Día 18: con dos miradas

La luz gris me avisó en cuanto abrí los ojos: iba a ser un día lluvioso. Entraba frío por la ventana, y me arropé, metiendo la cabeza debajo de las sábanas. Se estaba bien ahí quieta. Pero el despertador rompió la tranquilidad de golpe a las siete en punto. Sobresaltada, me incorporé de golpe, y lo apagué con un manotazo torpe.
Me asomé por la ventana. Ya caían las primeras gotas, oscureciendo el camino. No había viento, y todo estaba completamente quieto. Me lavé la cara, me vestí y volví a mirar. Caía fuerte ahora, y la luz tenue, húmeda y gris resaltaba goterones que parecían granizo. El sonido melancólico del agua era todo lo que se oía.
En el prado, la burra blanca se refugiaba bajo un árbol. Tenía el pelaje cubierto de barro y las orejas gachas y, con sus ojos de animal triste, tenía un aspecto lastimoso. Los demás debían estar a cubierto, o escondidos en alguna parte.
La capa de nubes cubría el cielo por completo. Ni un solo resquicio de cielo azul. No habría mucho que hacer durante el día. La ropa tendría que quedarse tendida dentro, y el día consistiría básicamente en estar quieta en una habitación con olor a humedad, buscando entretenimiento desesperadamente bajo la luz de la lámpara. Eso o salir y empapar una de mis pocas mudas de ropa, que a saber cuándo volvería a estar seca.
A los árboles ya empezaban a pesarles las hojas, que se pegaban a las ramas como posos de té. Parecían adormilados por el mismo sopor de mañana lluviosa que me pesaba sobre los párpados. Cerré la venta y bajé a hacerme un café. El café siempre ayuda.

Vamos a probar otra vez…

Me desperté con la luz que entraba por la ventana. Soplaba una brisa fresca muy leve que aliviaba un poco el calor de la tarde anterior. Me arropé un poco. Me encanta el calorcito de las sábanas cuando fuera hace frío. Me quedé un rato en ese delicioso estado de duermevela, hasta que sonó el despertador. Lo apagué y salí del iglú de edredón y sábanas.
Me asomé por la ventana. Estaba empezando a llover, y el aire estaba limpio y fresco. Las gotas moteaban el camino poco a poco, metódicas como un niño coloreando. El viento había parado, todo estaba quieto, solo se oía una gota contra el cristal de vez en cuando. Fui a acicalarme un poco, y el agua en la cara me terminó de espabilar. Me puse ropa abrigada y me volví a asomar.
La luz se reflejaba en las gotas de tal forma que parecían luminosas. Había empezado a llover en serio, y el aire susurraba. Me quedé embobada mirando el prado, regado por pequeñas esquirlas de luz. La burra blanca se había refugiado bajo un árbol. Tenía las orejas gachas y el hocico inclinado hacia delante, como si disfrutara del aire fresco y libre de moscas. Siempre se quedaba a olfatear la lluvia cuando todos los demás se escondían.
El cielo parecía un edredón blanco enorme, una capa suave y uniforme envolviendo el mundo con suavidad. Iba a ser un día tranquilo. Nada de trabajar duro, estos días son para dejarse arropar, para pensar y para escuchar. O para salir a correr bajo la lluvia, y volver con la piel fría y el calor por dentro, riendo como cuando, de niña, saltaba en los charcos.
Los árboles del camino ya estaban empapados, con las ramas pardas y pesadas de agua. Pero no las enredaderas, con sus colores inmutables, ni las zarzas, sacándole los colmillos a la lluvia como bestias orgullosas. Este tiempo hace que todo parezca diferente, pero cada cosa a su manera.
Cerré la ventana y bajé a desayunar, anticipando ya el sabor de un buen café.

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Esto ha sido un experimento más mental que literario. Y es alucinante cómo funciona. Es genial esto de aprovechar los momentos buenos para mantenimiento de herramientas que me vendrán bien en los malos. Tengo que hacer esto más.
Pues hoy, como ya venía anticipando, ha sido un día muuuuuy quieto. Pero todo bien. A vece me gustan los días así. Dibujo, escritura y lectura. Y mucho rato para pensar.
Ya empiezo a notar ese cosquilleo que me dice: «ponte en marcha». Es genial descubrir lo que disfruto esto, pero va a ser imparable cuando arranque de verdad.

Secondigny, 18 de agosto de 2017

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