Día 21: miope

Mientras caminaba, reflexionaba sobre lo útil que sería tener luces de emergencia para peatones. Unos intermitentes naranjas que avisaran: «Atención. No controlo mis movimientos. Puedo ser un peligro para mí misma y para otros seres humanos».

Las ciudades son auténticas trampas mortales, y basta con tener alguna capacidad disminuida para darse cuenta. Una cadena fina entre dos bolardos, una diferencia de altura entre baldosas del mismo color, una rama a la altura de la cara… parece mentira el daño que pueden hacer unas gafas rotas.

Al cabo de un rato, el cuerpo se va acostumbrando. Caminas más despacio, las siluetas borrosas se definen un poco, y te das cuenta de que sigues teniendo la capacidad de orientarte. Solo que tu mundo se ha vuelto un poco más pequeño. Ya no ves las placas con el nombre de las calles, pero si te acercas lo suficiente, reconoces esa tienda que has visto mil veces antes. Esa rotonda grande con su entrada de metro de cristal (porque es de metro, ¿no? Desde aquí no se distingue de un aparcamiento) quedaba a un par de manzanas de tu casa. Sigues reconociendo detalles que te son muy familiares.

Cuando estás en medio de la calle y no te queda más remedio, descubres la cantidad de cosas que puedes hacer. Siempre se encuentra el siguiente paso, solo hace falta acercarse un poco más.

—–

Hoy he vivido un día que parecían tres. Primero, la amabilidad de un desconocido con coche me ha ahorrado hora y media de viaje a las seis de la mañana. Después, un viaje en autobús entre dos ciudades desconocidas y un buen rato de vagabundeo para encontrar la forma de llegar al aeropuerto de Montpellier. Esta vez no me he fiado de las indicaciones de GPS y todo ha sido infinitamente más fácil. Después, una sesión de trabajo en el aeropuerto, con el nivel de ruido de un aeropuerto de ciudad mediana y una wifi compartida. Ha sido interesante. Nota mental: no repetir experiencia a ser posible. Por último, el reencuentro con amigos a los que hacía justo un año que no veía, una compra grande en el supermercado y el viaje hacia su casa. Hemos llegado de noche y el cielo estaba encendido de estrellas. Después de varios días de nubes, se ve la Vía Láctea otra vez. Es todo precioso.

Toulouse — Montpellier, 21 de agosto de 2017

 

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