Día 24: y quedarte fuera

Colocó todo en su sitio, hasta el último detalle. Las macetas de plantas frondosas en el balcón, los mensajes de amor en la pared, las habitaciones amplias de camas grandes, la biblioteca, la sala de juegos. Todo hecho con cuidado infinito, con tanto cariño. Había construido aquello desde los cimientos, asegurándose de que entrase buena luz por la ventana, de que las vistas fueran agradables. Había elegido el color de las paredes pensando en lo que necesitaba cada una de las personas amadas que pasearían con los pies descalzos por el suelo de madera. Hacía tanto tiempo del día en que empezaron… pero ya se acercaba el momento de terminar, de abrir la casa de verdad. Dio un último paseo por las estancias vacías, que parecían aguardar impacientes la llegada de su futura familia. Todo estaba quieto, limpio, en orden. Olía a madera nueva, a albahaca y a tomillo.

Abrió la puerta de la calle mientras sacaba del bolsillo su copia de la llave. Había seis más como aquella, cada una con un corazón de peluche como llavero, cada uno de un color distinto. Las demás estaban con sus respectivos dueños, esperando su momento. Cerró la puerta despacio, como con cuidado de no despertar a nadie, y dio dos vueltas de llave antes de separarla del llavero y colgar el corazoncito morado en la mirilla.

Se alejó despacio, saboreando el camino, avanzando sin rumbo y casi sin pensar. Ya atardecía cuando llegó al puente, y se detuvo a contemplar los destellos naranjas en el mar. La ría era un espectáculo sobrecogedor de colores, con los cuerpos esbeltos de las garzas derramando sombras alargadas sobre las rocas.

Con gesto tranquilo, sin dudar, se sacó la llave del bolsillo y la dejó caer en las aguas apacibles. Se marchó con una sonrisa triste en los labios.

——-

No todo iba a ser tan bonito. Se acerca el final de mi estancia aquí, y el desánimo asoma la cabeza otra vez. Han llegado dos amigos más, pareja desde hace un par de años. Estoy sola con dos parejas, con todo el tiempo del mundo para recordar la cantidad de privilegios que da estar en pareja. Me siento sola, siento que sobro, a pesar de lo mucho que se esfuerzan todos en que esto parezca un grupo de cinco, y no dos, dos y una. Se lo agradezco mucho, y alivia la sensación un poco, pero no la borra. Creo que me leen la fragilidad en la cara.

Pero no todo iba a ser malo tampoco. Hoy he terminado de resolver mi viaje hacia la quinta y última fase: Barcelona. Me gusta esta sensación de recorrido circular. Me apetece volver a montar en tren, y me da paz esa sensación de tener el recorrido planeado.

También ha sido un día maravilloso. Hemos hecho barbacoa vegetariana, hemos jugado a un montón de juegos de mesa que no conocía, y nos hemos reído muchísimo. Hasta se me ha olvidado el malestar.

Y mañana tenemos planeado un día entero en Carcassonne. He oído que no es ninguna maravilla, pero tengo muchas ganas. Y después, al tren. Vuelvo a casa.

Pézenas, 24 de agosto de 2017

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