Día 26: bioluminiscencia

Aquellos bosques nunca habían visto un animal como él. El roedor tampoco había presenciado nada parecido en su vida. Su breve existencia había transcurrido en salas blancas y estériles, en jaulas de metal o en entornos controlados. Hasta hacía apenas unos minutos, su vida había sido creada y adaptada para un solo propósito: evaluar si las condiciones en Levus, el planeta recién descubierto, eran seguras para mamíferos. Había nacido en la Cobalto II. Le habían llamado Bos siete, y él y toda su camada habían bajado a la superficie de un planeta por primera vez en su segundo mes de vida. De haber salido todo según lo planeado, les habrían expuesto al aire de aquel planeta dentro de sus jaulas, habrían observado su reacción y tomado muestras, y después les habrían destruido allí mismo, con el fin de evitar la introducción accidental de una especie alienígena. Pero uno de los temporales espontáneos de Levus, tan imposibles de predecir, les había sorprendido con la observación sin terminar. Solo quedaban vivos Bos cinco y él cuando el vendaval arrasó el campamento. El sistema de seguridad de la jaula de Cinco se activó, pero el de la suya no. Siete no llegó a ver a su hermano desintegrarse, ni supo nunca qué había sido del resto de la expedición. Lo siguiente que vio, cuando su jaula se estrelló contra unas rocas y se abrió, fue la linde de un bosque a la luz del atardecer verdoso de Levus.

Se refugió desesperadamente y se hizo un ovillo entre las rocas, temblando. Poco a poco, su respiración volvió a la normalidad, y empezó a lamerse las heridas. Cuando al fin se atrevió a asomar la cabeza, casi era de noche.

Se puso a dos patas y olisqueó el aire. Todo le era ajeno. Los sonidos, los olores, los colores, la tierra y la roca bajo sus dedos. Avanzó hacia el bosque, muy despacio al principio, con más confianza a medida que le envolvía la reconfortante oscuridad. Paró a escarbar en la tierra esponjosa al pie de un árbol, mordisqueó la raíz de otro, se adentró en los senderos húmedos y oscuros entre sus ramas bajas.

Y de pronto, bajo una de sus patas, algo empezó a brillar.

Siete observó la tenue luz azulada con curiosidad. Levantó la pata, y el brillo se desvaneció. Olisqueó la huella, y la luz azulada se extendió por donde rozaron sus bigotes. Tocó con los dedos las plantas viscosas que cubrían el suelo. Se encendieron también al primer roce.

Miró hacia atrás, y vio que su cuerpo entero estaba resaltado por un halo blanco y azulado. Siguió avanzando.

Hacía mucho tiempo que nadie caminaba aquellos senderos. El bosque susurraba de curiosidad ante la presencia de un animal tan extraño. Le invitaba, le indicaba el camino, le reconocía. Un árbol viejo le tocó con las puntas de sus ramas bajas, y Siete trepó por ella, levantando destellos morados en su corteza. Saltó de rama en rama, jugando con las hojas, se dejó caer de nuevo hasta el suelo y siguió caminando, dejando una estela en la oscuridad, como un cometa solitario en un cielo sin estrellas.

La criatura que le acechaba tampoco había visto nada parecido a él en su vida. Pero tenía hambre, y solo veía un animal pequeño e incauto paseando los senderos de los cazadores. Cuando saltó a por él, comprobó que tampoco era especialmente rápido.

Es agradable volver a estar en terreno conocido y en buena compañía. Me siento bien, absurdamente agotada pero bien. Necesito tanta tranquilidad y mimos que cada gestito es como un trago de agua fresca en un día de bochorno terrible nivel Madrid en agosto: es muy agradable, pero estaría así todo el día y no es plan tampoco.

Hoy he conocido mejor una ciudad con la que me estaba reconciliando. Me llega tantísimo que me enseñen cosas con ilusión. Me sentía como una niña pequeña, primero por lo de mirarlo todo con ojos grandes y fascinados y luego por lo de casi quedarme dormida de pie.

También he visto a una amiga con la que había perdido el contacto y ha sido como abrir una ventanita al pasado. En un momento he sentido todo lo que he crecido, he sido consciente del pedazo de camino que llevo. Me he sentido contenta con el cambio. A ver si sigue así la cosa.

Barcelona, 26 de agosto de 2017

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