Día 27: runar

El río de piedras es angosto y traicionero. Por el sendero polvoriento, con un pie delante del otro, puedes pasar sin molestar entre las lomas de guijarros. Pero no muevas nada, no pises fuera del camino. El monte descansa así, en su frágil equilibrio, y quién sabe el precio que tiene perturbar el sueño de los lagartos.

Cuando el runar se acabe, recuerda no desfallecer sobre los matorrales verdes que proponen un alto en el camino. Cuidado con los piqueros que se esconden entre las briznas, y con los trozos de vacío que prometen aguas claras.

Hoy no he parado. Primero una visita guiada por Barcelona, luego una reunión con más amistades a las que no veo mucho. Conversaciones intensas sobre el amor, las relaciones y la amistad. Ha sido un buen día y una buena última noche. Mañana vuelvo a Madrid ya, y la verdad es que tengo tantas ganitas…

Barcelona, 27 de agosto de 2017

 

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