Día 28: irrepetible

Pensaba en la alegría como una membrana elástica. Flotaba libremente dentro de ella cuando estaba en paz, disfrutando sin tensiones de su calma apática. A veces, se acercaba a los límites, más cerca de la luz, jugueteando con la intensidad. Muy pocas, tocaba las paredes y se permitía sentir los límites, explorar los límites claros de su burbuja velada.

Cuando probó a empujar la membrana, todo empezó a dar miedo. Descubrió que había una alegría más allá de ella, una euforia transparente y pura que no dejaba sitio para otra cosa. Y supo con toda certeza que cuando la soltara, no volvería a encontrarla jamás.

Me quedo aquí hasta que acabe. Quiero vivirlo todo, y vivir intenso, rasgarme la voz y brindar por todos los momentos irrepetibles.

Ya estoy volviendo a Madrid. Fin del viaje. Parece mentira que haya pasado un mes. En algún momento tendré que sentarme a pensar en lo que ha supuesto esto, qué buscaba y qué he encontrado. Pero no será hoy. Hoy vemos serie y bebemos vino. Hoy toca descanso, que me lo merezco. Madrid, te he echado de menos.

 

Barcelona — Madrid, 28 de agosto de 2017

 

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