Día 30: burro de noria

Las revoluciones se sustentan sobre las espaldas dobladas de quienes mantienen el hogar intacto mientras el mundo cambia. Mientras el frente dedica esfuerzos a avanzar, a remover, a planear… en definitiva, a cosas que no son sobrevivir, las bestias de carga siguen haciendo que el sistema ruede tranquilo, agachan la cabeza y siguen avanzando porque alguien tiene que hacerlo. No se llevan el mérito, tampoco las alegrías, pero tienen el lomo fuerte del esfuerzo y de los palos. Trabajan, infatigables, para que cuando todo termine aún quede algo a lo que volver.

—–

Aún no ha acabado agosto, ni el verano, aún estoy aterrizando y ya tengo trabajo para los próximos días. No me da la cabeza para más. Acabando el mes a trompicones, con nervios y ganas a partes iguales. Pero con esperanza. Vienen momentos de mucha precariedad y de mucho miedo, así que a echarle valor.

Madrid se me hace casi desconocida ahora. No ha cambiado nada en un mes, claro, pero siento esta ciudad menos mía, como si estuviera de visita.

Madrid, 30 de agosto de 2017

 

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