Garabatos

(31-01-2016) - Perrito-lobo de Eva

 

Me enamora verte garabatear. Agarras el lápiz como una niña pequeña y, casi sin mirar, das vida al folio con tus líneas de caos, olvidando todo rigor. No te comparas, no tienes miedo de no respetar proporciones anatómicas ni reglas artísticas. Y ocurre, va surgiendo ante ti algo que a veces ni te esperas, que juega contigo y que te hace sonreír incluso mientras lo creas.

Ahora puedes hacerlo. Nadie va a venir a trazar líneas sobre tus dibujos para apresarlos en las rígidas formas de la realidad. Lo que hay sobre el papel es único, y huele a ti, a tus ganas de inventar, de superarte.

—Pero si sólo es un garabato —te dice la vocecita cruel, la que siempre trata de quebrarte los planes—. Un garabato en gris, frío y quieto.

Pero esa voz es sólo eso, una voz. Y a tu perrito lobo, mientras juega a perseguirse la cola, le da igual ser un garabato y le dan igual sus colores.

Le sonríes, y sabes que seguirás adelante, como haces siempre.

 

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Reflexión tras una conversación desalentadora

¿Que cuál es el secreto? Ocultar la verdad durante esos primeros años en los que se es tan sensible y pasional. Educar en la indolencia y en el egoísmo. Inculcar poco a poco la crueldad y decir que así es la vida. Matar lo más puro y auténtico de cada persona y llamarlo “crecer”. Erradicar la compasión. Y únicamente dejar que una persona averigüe la verdad cuando esté preparada. ¿Cuando está preparada? Cuando ya no le importa.