Garabatos

(31-01-2016) - Perrito-lobo de Eva

 

Me enamora verte garabatear. Agarras el lápiz como una niña pequeña y, casi sin mirar, das vida al folio con tus líneas de caos, olvidando todo rigor. No te comparas, no tienes miedo de no respetar proporciones anatómicas ni reglas artísticas. Y ocurre, va surgiendo ante ti algo que a veces ni te esperas, que juega contigo y que te hace sonreír incluso mientras lo creas.

Ahora puedes hacerlo. Nadie va a venir a trazar líneas sobre tus dibujos para apresarlos en las rígidas formas de la realidad. Lo que hay sobre el papel es único, y huele a ti, a tus ganas de inventar, de superarte.

—Pero si sólo es un garabato —te dice la vocecita cruel, la que siempre trata de quebrarte los planes—. Un garabato en gris, frío y quieto.

Pero esa voz es sólo eso, una voz. Y a tu perrito lobo, mientras juega a perseguirse la cola, le da igual ser un garabato y le dan igual sus colores.

Le sonríes, y sabes que seguirás adelante, como haces siempre.

 

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Regreso

Las primeras palabras de una pluma seca no salen a la primera. Hay que cambiar la tinta, lavar y revisar las partes, secar bien, dejar reposar, probar, darle un meneo, volver a probar… muchas veces las primeras líneas salen con agua, o demasiado claras, o con un pegote que mancha los dedos y deja pintitas por toda la hoja. Hay que ir probando, letra a letra, hasta que todo fluye como de costumbre. Pero a la quinta palabra, mi pluma nunca me ha fallado.

 

Hacía meses que no escribía en serio. Siempre se escapan algunas líneas aquí y allá, pero me las había ingeniado para buscar excusas y aplazar el momento de regreso. Pero ya está bien, hoy vuelvo, y vuelvo con historias. Quiero pensar que estoy a rebosar, y que bastará con volcar todo lo que llevo acumulado estos meses y las páginas se rellenarán solas. Pero lo cierto es que va a suponer un esfuerzo tremendo volver a estirar los músculos encogidos, limpiar el óxido y arrancar otra vez. Me pongo bajo tratamiento estricto de música y lectura diaria, con tiempo reservado cada tarde para sentarme delante de la hoja en blanco, virtual o física. Sigo planteándome si lo del gato en el regazo es una buena idea.

 

Hace un tiempo decidí darle la vuelta a mi vida, convertir la escritura en una prioridad en vez de un pasatiempo. Al principio es como darle la vuelta a una boya, y tiende a revertir los 180 grados en cuanto no la vigilo, pero confío en que poco a poco se parezca más a enderezar una balsa volcada. Hasta entonces, constancia.

 

Muchísimas gracias a quienes me habéis apoyado en los meses tan duros que siguieron a mi abandono del blog, en especial a Javi por creer en mí, y por animarme sin agobiar, comprendiendo y estando.

 

Aquí me gustaría añadir una nota adicional para las personitas maravillosas a las que he conocido recientemente. Si es la primera vez que entráis en el blog, quedad avisados de que todo lo que hay hasta ahora son textos míos del pasado, de un momento en el cual aún no había aprendido muchas de las cosas que sé ahora, y tenía muchas menos inquietudes, lo cuestionaba menos todo. Los leo ahora y muchos de ellos me parecen tan normativos que me hacen gracia. Si queréis ver publicaciones más recientes, también está Relatos Ilustrados, aunque todo es un poco experimental. De todas formas, espero que los que os animéis a leer lo disfrutéis.

 

Y por último (qué ganas tenía de escribir esta frase), gracias por leer.

 

Reflexión tras una conversación desalentadora

¿Que cuál es el secreto? Ocultar la verdad durante esos primeros años en los que se es tan sensible y pasional. Educar en la indolencia y en el egoísmo. Inculcar poco a poco la crueldad y decir que así es la vida. Matar lo más puro y auténtico de cada persona y llamarlo “crecer”. Erradicar la compasión. Y únicamente dejar que una persona averigüe la verdad cuando esté preparada. ¿Cuando está preparada? Cuando ya no le importa.