Día 12: alucinaciones

Hoy he caminado por el hilo que separa mi consciencia dormida de la despierta. Se han entremezclado sueños y realidad, y he hablado idiomas que no existen. He visto pasar campos iluminados por las nubes, y se ha detenido el tiempo. Me he deshecho en escamas diminutas, y solo veía a través de los pinchazos de la espalda. Las voces me llegan en latidos graves, no entiendo lo que está pasando. Tengo que despertar, tengo que resolver algo. Pero he perdido el hilo, y ya no sé si estoy soñando o no. Intento preguntar dónde estamos y creo que sólo me oigo yo. Me dejo caer. Podría estar en cualquier parte.

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Me he puesto mala, espectacularmente mala. No podía ser bueno esto de hablar francés todo el rato. El viaje hasta Bressuire ha sido demoledor. Iba medio inconsciente de cansancio y dolor de cabeza, alucinando de fiebre, y tengo que haber sido la peor viajera de Blablacar de la historia. Pero ya estoy en la casa nueva. Secondigny, pueblo perdido donde los haya. Después de la cena y una taza de té hirviendo, me encuentro algo mejor, aunque me sigue doliendo todo. De momento, mis anfitriones son… peculiares. Se nota pasivo-agresividad en el ambiente. Voy a sacar mis poderes empáticos a relucir y que pase lo que tenga que pasar.

Fase tres… empezamos.

Tournon d’Agenais — Limoges — Bressuire — Secondigny, 12 de agosto de 2017

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Historias en ruta: agosto 2017

Historias en ruta: agosto 2017

Quiero compartir esta historia contigo. Quiero invitarte mi casa y enseñarte parte de mi desorden. Estoy recogiendo, pero este momento de pillarlo todo a medias tiene su encanto.

Algo me estaba rascando a la puerta desde hacía tiempo. Era un sonido persistente y molesto muy fácil de ignorar. Pero las personas curiosas no nos resistimos bien a los caminos nuevos.

Me encontré con una bestia.

 

Lo arrasó todo.

 

Me dejó tratando de averiguar qué había pasado, cómo había podido desaparecer mi rinconcito, adornado con tanto esmero.

No recordaba qué iba dónde, y de pronto nada encajaba. Solo quedaba sitio para una pregunta.

 

¿Quién soy?

 

Una pregunta que viene con raíces.

Como nunca ha encontrado ninguna respuesta quedándome quieta, me voy a explorar. De forma absurdamente literal.

Me voy a buscar lo que sea que me falta.

Este agosto es para mí, por primera vez en mi vida. 31 días para estar conmigo, para perderme, para cometer mis propios errores y felicitarme por mis propios triunfos. Para viajar, sobre todo para viajar. Quién me iba a decir que un gesto tan pequeño me iba a ser tan difícil.

Pues aquí empieza la aventura, en un tren a Valencia.

 

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